De las historias más fuertes de Capital Rugby sobre la Guerra de Malvinas está la de Norberto Santos, exjugador de Albatros. En la charla relata una de las historias más impactantes de la Guerra de Malvinas: cómo sobrevivió tras ser dado por muerto, el misterio de un día perdido en su historial médico y el papel fundamental de su club de rugby en su recuperación.
En abril de 1982, Norberto ya había recibido la baja del Regimiento 7 de La Plata. Mientras jugaba al fútbol, un patrullero llegó para notificarle su reincorporación inmediata. “Me pegué una ducha, les preparé unos mates a los policías y me llevaron”, recuerda con naturalidad. Cuatro días después, partía hacia las islas con equipamiento prestado por un amigo, ya que no había suministros suficientes en el regimiento.
El momento más crítico ocurrió cerca de los galpones de los Royal Marines. Mientras intentaba socorrer a un compañero, dos bombas lo alcanzaron, provocándole heridas gravísimas: el fémur izquierdo desplazado, el estómago abierto y el brazo izquierdo prácticamente desprendido.
Fue trasladado al continente, donde ocurrió lo impensable. Norberto descubrió, 40 años después, el testimonio de Elsa Lofrano, una jefa de enfermeras en Comodoro Rivadavia. Ella relató que, al entrar a la morgue, escuchó gemidos dentro de una bolsa mortuaria. A pesar de que un capitán le ordenó cerrar la puerta diciendo que “salía más caro curarlo que dejarlo ahí”, Elsa se arriesgó, consiguió las llaves y rescató a Norberto, quien aún tenía latidos.
“Me falta un día de mi vida”, explica Norberto al comparar sus fichas médicas, que confirman que entre el 12 y el 13 de junio hay un vacío documental que respalda el relato de la enfermera.
Otra pieza increíble de su historia es la recuperación de un telegrama que sus padres le enviaron a las islas. El mensaje, que decía “Estamos bien, te extrañamos, ánimo”, fue recogido por un soldado inglés de la trinchera de Norberto. Tras más de cuatro décadas, el soldado británico lo contactó a través de un tercero para devolverle el papel, que conservó “inmaculado” durante todo ese tiempo.

Tras dos años de internación y cirugías, el regreso a la sociedad fue duro. “Fuimos tildados de locos de la guerra”, lamenta. En ese contexto, el club Albatros fue su salvación. Sus compañeros organizaron un partido homenaje donde pudo jugar cinco minutos, a pesar de haber perdido la movilidad de un brazo.
Para Norberto, Albatros no es solo rugby: “Es contención, es participación, es tener amigos”. Actualmente, sigue vinculado al club, reuniéndose mensualmente con su equipo de la “cuarta campeona invicta”.
En 2007, Norberto decidió volver a Malvinas. Aunque el viaje estuvo cargado de miedo y llanto, asegura que le hizo “muy bien”. Pudo despedirse de sus compañeros en el cementerio de Darwin y visitar su antigua posición, de donde trajo tierra, arena y objetos personales que habían quedado allí hace décadas.
Hoy, con la voz firme, concluye: “No me considero un héroe; héroes son los compañeros que quedaron allá cuidando las islas”.

















