En una íntima charla con Capital Rugby, Daniel D’Onofrio, quien fuera capitán del club Universitario repasa cómo el conflicto de 1982 interrumpió su juventud y cómo el deporte y el estudio fueron los pilares para reconstruir su vida tras el horror de la guerra.
En abril de 1982, D’Onofrio acababa de recibir la baja del Regimiento 7 de La Plata. Se encontraba de vacaciones en Mar del Plata cuando las imágenes de la Plaza de Mayo colmada le dieron la primera señal: “Lo primero que pensé fue: nos van a reincorporar”. Pocos días después, un telegrama en la mesa de su casa confirmó su regreso a las filas.
D’Onofrio llegó a las islas a mediados de abril y sirvió en la compañía de servicios, desempeñándose como auxiliar logístico. Su relato no esquiva la cruda realidad del terreno: describe haber pasado por “frío, hambre, miedo e incertidumbre”. Aunque no participó en combates cuerpo a cuerpo, vivió intensos bombardeos navales y aéreos hasta el repliegue final hacia Puerto Argentino bajo el fuego británico.
Uno de los puntos más críticos de su testimonio es la denuncia de la gestión logística. Según D’Onofrio, mientras los soldados de infantería padecían hambre extrema, hubo oficiales responsables que mostraron una actitud que califica de “vergüenza”.
Al regresar a La Plata, D’Onofrio tomó una decisión drástica para no quedar atrapado en el trauma: reinsertarse de inmediato. A las 48 horas de volver, ya estaba sentado en un aula de la Facultad de Ingeniería.
En el ámbito deportivo, se reintegró a Universitario pocos meses después, en noviembre de 1982. El club atravesaba un momento difícil tras un descenso, y él, junto a otros compañeros, se enfocó en “refundar el rugby del club”. Para Daniel, el enfoque en el deporte, el estudio y el apoyo familiar fueron las herramientas clave para superar lo vivido.
Hoy, su postura sobre el pasado es firme: “No volvería a Malvinas. Si lo pude superar, ¿para qué voy a volver a un lugar donde no sabés cómo vas a reaccionar?”.
Aunque defiende la causa Malvinas como una cuestión nacional, decidió no vincularse activamente con los centros de excombatientes.
Se desmarca de ese título con humildad. “No me considero un héroe, me tocó ir a defender a la Patria”.
















