Daniel D’Onofrio había terminado el Servicio Militar Obligatorio en el Regimiento 7 de La Plata en marzo de 1982. Cuando le dieron los tiempos, tras el curso de ingreso en la facultad de Ingeniería de la Universidad Nacional de La Plata, se fue unos días de vacaciones a Mar del Plata. Allí vio por la tele cómo la plaza de Mayo se llenaba de gente para victorear la recuperación de las Islas Malvinas.
“Estaba con unos amigos allá Plata y nos agarró el 2 de abril. Lo primero que pensé fue que nos iban a reincorporar, cosa que sucedió”. arrancó con su discurso quien para ese entonces ya jugaba al rugby en el Club Universitario en Cuarta División, a un paso de la Superior.
Una semana después, cuando ingresó a la casa de sus padre vio el telegrama que debía reincorporarse. El 14 de abril ya estaba en Malvinas en la Compañía de Servicios a cargo de la logística del General Guillermo Grau, en el Royal Marines y luego en Moody Brook.
“No tuvimos combate cuerpo a cuerpo pero sí bombardeos aéreos y navales. Todo lo que pasa en una Guerra lo sufrimos: miedo, frío, hambre e incertidumbre“, continuó. “Cuando los ingleses hicieron el ataque final ya nos habían dado la orden de replegarnos detrás de un macizo rocoso y luego a Puerto Argentino”.
D’Onofrio cuenta que ya en Malvinas su cabeza estaba en regresar sano a La Plata y rehacer su vida. Tuvo la suerte. “El Regimiento 7 fue pensando que los ingleses no iban a llegar nunca. El Capitán que estaba a nuestro cargo estaba en otra cosa. Fue una vergüenza lo que hizo. La Compañía de Infantería se murió de hambre y el responsable fue ese tipo que cuando llegó a Buenos Aires a los pocos días estaba ofreciendo charlas y cursos. Tendía que haber ido preso”.
A los dos días de volver a La Plata fue a la facultad. Le costó ser reicorporado porque lo habían dejado libre, pero pudo retomar sus estudios. A la U tardó un par de meses, hasta que Daniel Marcos lo convocó para reorganizar al rugby que había caído a la categoría más baja de la UAR. “Creo que lo logramos junto a otras camadas más grandes y más chicas que las mías”.
Hizo borrón y cuenta nueva. Se sacó el chip de la Guerra y no volvió a revivir el horror vivido. No volvió nunca más ni participó de grupos de excombatientes. “No volvería. El cuerpo humano nadie sabe cómo puede reaccionar ante ciertos hechos que nos hicieron tanto mal. Por suerte pude formar una familia y seguir adelante”.
“Estoy totalmente a favor de la causa Malvinas. Es algo que voy a defender a muerte. Pero lo que vivimos fue una locura de los militares”, cerró el exjugador, capitán y entrenador de Universitario que por más que lo haya sido no se considera un héroe.















