A 36 años de la histórica consagración de Los Tilos en el Seven de Punta del Este, su capitán y figura, Juan Dubarry, recuerda cómo un grupo de amigos transformó el luto por la pérdida de un compañero en una de las hazañas más grandes del rugby platense.
El verano de 1990 quedó marcado a fuego en la historia de Los Tilos. No fue solo un trofeo más en las vitrinas; fue el cierre de un ciclo de resiliencia y la confirmación de una camada brillante. En una charla íntima, Juan Dubarry repasó los detalles de aquel equipo que, tras ganar el Seven de la URBA, viajó a Uruguay para demostrar que la amistad y el orden táctico podían vencer a las potencias internacionales.
El motor de la hazaña: El recuerdo de Juanchi Tettamanti
Para entender el título de 1990, es necesario retroceder a fines de 1989. El club atravesaba su momento más oscuro tras la muerte de Juanchi Tettamanti en la cancha de Pucará. Dubarry confiesa que el impacto fue tal que decidió retirarse: “Tenía la cabeza totalmente quebrada… me retiré del rugby”.
Sin embargo, sus amigos lo convencieron de jugar el Seven de la UAR semanas después. Entrenando solo en la pista de atletismo para “sacarse los pájaros de la cabeza”, Dubarry se unió a un equipo que jugaba por algo más que un resultado: “Jugábamos todos por Juanchi… fue el impulso para aceptar la invitación al Seven de Punta del Este”.

La conquista de Uruguay
Aquel enero de 1990, Los Tilos llegó al Campus de Maldonado como flamante campeón de Buenos Aires. El torneo aún era disputado por clubes, aunque ya asomaban figuras internacionales como el francés Mesnel o el australiano Poidevin.
Tras vencer a Newman en la semifinal, Los Tilos se enfrentó en la final a Pueyrredón, un equipo de gran nivel con nombres como los hermanos García Simón. El triunfo fue por 36-14
Dubarry define a ese equipo como sólido y disciplinado: “Éramos muy disciplinados en la defensa y después éramos muy intuitivos… un rugby medio salvaje basado en la creación”.
El equipo Verde tuvo nombres como Cris y Maxi Mendy, Manuel Foulkes, Sergio Arrúa, el Ruso Roberti, Carlitos Germán y José Goñi conformaban un grupo donde la potencia de Foulkes y la velocidad de Mendy se combinaban con la conducción de Dubarry.
Mística, juventud y “descontrol” en el Campus
Lejos del profesionalismo actual, Dubarry recuerda con humor la convivencia en los dormis del Campus de Maldonado, donde compartían habitación con otros clubes: “Escuchabas todos los ruidos a la noche, era un descontrol”. A pesar de las salidas nocturnas propias de la juventud y el verano, el equipo rendía en la cancha: “El cuerpo te daba para hacer todo, salir a la noche y al otro día jugar”.
El legado 36 años después
Aunque al año siguiente debieron participar bajo el nombre de “Green Seven” por diferencias con la dirigencia del club —llegando nuevamente a la final contra un equipo de estrellas internacionales—, el título del 90 permanece como el hito máximo.
Hoy, Dubarry ve con orgullo el crecimiento de Los Tilos, club al que regresó para acompañar a su hijo: “El club fue creciendo en muchísimos aspectos: organización, número de jugadores, seriedad. El laburo de 20 años dio sus frutos” [. A 36 años de aquella tarde en Punta del Este, el recuerdo de Juanchi y la gloria alcanzada en la arena uruguaya siguen siendo el alma de Barrio Obrero.
Video de la entrevista: LOS TILOS CAMPEÓN DEL SEVEN DE PUNTA DEL ESTE 1990


















