Norberto Santos jugaba en Albatros en 1982. Había integrado el plantel de la Cuarta campeona e invicta. Disfrutaba del rugby con amigos cuando primero le tocó hacer el Servicio Militar y luego lo convocaron para ir a Malvinas. Viajó sin saber que su vida iba a cambiar, no por completo, pero sí muchísimo. “Me fui con 18 años y volví con 90”.
“A partir del 1ro de mayo empezaron los bombardeos y ahí tomamos conciencia de lo que podía venir”. Estuvo en combate y en el rescate de un compañero herido fue sorprendido por una bomba que le explotó cerca. “Recuerdo los colores gris, negro y rojo. Con el tiempo descubrí que eran el humo de la bomba, la tierra y la sangre”, contó en la entrevista.

No sentía dolor en ese momento pero de inmediato se dio cuenta de la gravedad de lo sucedido: su brazo izquierdo estaba destruido, el abdomen con serias heridas y la cabeza del fémur derecho que sobresalía de su cuerpo. Su recuerdo, de inmediato, se apagó.
Sabe que volvió al continente y que estuvo dos años internado, en Comodoro Rivadavia, Campo de Mayo y el hospital Central. Cuarenta años después pudo reconstruir parte de lo sucedido.
“La enfermera Elsa Lofrano había dado una entrevista y contado la historia del soldado Santos. Lo leyó mi esposa en internet. Era yo. Me contacté con ella y me contó que descubrió que una bolsa en la morgue se movía y escuchó un gemido. Pese a que el militar que estaba a cargo no la dejaba me sacó de ahí y me llevó de urgencia al hospital. Me salvó la vida”, relató esa parte de su vida que desconocía y que ahora pudo unir como un rompecabezas.

“Volví y le pude agradecer, 40 años después, por haberme salvado la vida”, continuó. También estuvo en Malvinas y pudo encontrar su taza y la pasta dental, enterrada en su trinchera cerca de Puerto Argentino. Además un amigo lo contactó con un soldado inglés que tenía el telegrama que le habían enviado sus padres. “Ir me hizo muy bien, porque me pude despedir de compañeros que habían quedado allí. Volví de otra manera”.
Así pudo entender por qué el certificado de su salida de Malvinas marcaba el 12 de junio a la mañana y su ingreso al hospital el 13/6/82 por la tarde. ¿Dónde había estado en el medio? En la Morgue de Comodoro Rivadavia.
Santos se recuperó y volvió con su familia en La Plata. No pudo volver a jugar al rugby porque ya no tenía su brazo izquierdo y cientas de esquirlas le habían quedado en su cuerpo. Pero años después sus compañeros de Albatros le realizaron un partido especial, pudo jugar un rato y hasta apoyar un try.

“Volver a la sociedad fue difícil. Sentí que nos rechazaban por ser los ‘locos de la Guerra’. Fue difícil conseguir trabajo. Pero estar en el Club fue mi lugar de descanso”, contó.
Hoy vive su vida con intensidad. Tiene seis hijos y está cerca de Albatros, un club al que considera especial. “Es más que un club de rugby”. Participa de cerca de los encuentros con los excombatientes.
Del Club Albatros también estuvieron en la Guerra Luis Cisneros (hoy su hijo juega en plantel Superior) y Alejandro Di Santo. Próximamente conoceremos sus historias, como la de los otros rugbiers que estuvieron allí y son nuestros héroes.
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