En una nueva entrega de Capital Rugby, el exjugador y actual colaborador del Club San Luis, Carlos Cataldi, comparte su testimonio sobre los 73 días que pasó en las islas, el impacto de la guerra en su juventud y su posterior regreso a la vida institucional del club.
En abril de 1982, Carlos tenía 19 años y cursaba el primer año de Ciencias Económicas. Tras haber cumplido el servicio militar en 1981 en el Regimiento 7 de La Plata, fue reincorporado de inmediato. “El aviso de que íbamos a la guerra era bastante difuso; no sabíamos bien qué era lo que venía”, confiesa sobre la incertidumbre de aquellos días iniciales.
Cataldi formó parte de la compañía comando en la sección morteros. Su destino fue una posición en plena montaña, a unos 12 kilómetros de Puerto Argentino, donde permaneció durante todo el conflicto.
Al describir la vida en el frente, Carlos no oculta las penurias: “Frío, hambre, miedo y desconcierto permanente”. Destaca que la pérdida de peso fue excesiva para la mayoría de los soldados y que el miedo se intensificaba al ver cómo el entorno se desmoronaba en los días finales, cuando la formación militar dejó de existir y entraron en combate directo.
Tras la rendición, regresó como prisionero en el buque Canberra. “Volví con todos los ‘des’: deshabido, desnutrido…”, relata sobre su estado físico al llegar al continente. El reencuentro con su familia fue el punto de partida para una lenta recuperación que lo llevó a alejarse temporalmente del rugby para enfocarse de lleno en sus estudios universitarios.
Una vez encauzada su vida profesional, Carlos regresó al Club San Luis, donde ha desempeñado múltiples roles: desde jugador y entrenador de divisiones infantiles hasta tesorero de la institución.
Sobre el significado de las fechas conmemorativas, Cataldi explica que no se trata de un simple recuerdo: “No es un recuerdo, las revivo. Es algo permanente en el día a día entre el 2 de abril y el 14 de junio”. Además, recuerda con dolor a los compañeros que perdió en combate, señalando que el Regimiento 7 fue uno de los que sufrió la mayor cantidad de bajas.
Cataldi cierra su testimonio con humildad, participando activamente en la vida del club que, junto a su familia, le permitió reconstruir su historia tras la gesta de Malvinas.















